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La otra brecha digital

Cuando hablamos de brecha digital generalmente nos referimos al desfase que existe entre las personas que tienen acceso y se valen de herramientas digitales para hacer más eficientes sus tareas y aquellas que carecen de dicha oportunidad. También podemos hablar de la brecha digital “generacional”. Esta es la que se da entre las personas que, por su edad, han aprendido a valerse y convivir con las tecnologías digitales de manera más o menos natural y aquellas que simplemente no les es posible aprovechar los beneficios de este tipo de tecnología porque no la comprenden o les resulta sumamente difícil realizar cualquier actividad, por sencilla que parezca, valiéndose de este tipo de tecnologías.

En fechas recientes he podido identificar un tercer tipo de brecha digital: la brecha digital industrial. Esta es la que se da entre algunas personas que forman parte de un sector de la industria productora de contenidos en que, como consecuencia de estar aferrados a un modelo de negocio obsoleto, se les dificulta entender la función de las tecnologías digitales en relación a la producción, distribución y consumo de contenidos diversos como pueden ser la música, películas, programas de cómputo, libros, etc. y aquél sector de la población que consume dichos contenidos y que ha encontrado en las tecnologías digitales una herramienta para allegarse dichas obras, la mayoría de las veces sin ánimo de perjudicar al titular de los derechos y otras inevitablemente dañando el derecho de su titular, de una forma rápida y más o menos sencilla.

Hay veces en que una persona puede reunir dos o más de las causas de las diferentes brechas digitales. Se puede dar el caso de que una persona mayor sufra las consecuencias que conllevan el estar expuesto a la brecha digital generacional por un lado y la industrial por el otro. Por ejemplo, aquella persona que en una reunión dijera que “a estos señores ¿para que los invitamos? ¿acaso tienen dinero en juego?”. Me parece que esta persona padece de una combinación de brecha digital generacional e industrial severa. Más aún si se cae en cuenta que aquellas personas cuya invitación cuestionaba son los consumidores de sus obras, es decir, quienes lo hacen ganar dinero comprando sus obras.

Existen otros ejemplos como los de aquellos que tachan de exageraciones sin fundamento el hecho de que se ejemplifiquen las consecuencias que pudiera tener un tratado comercial como el ACTA para nuestro país. Creo que en su momento parecía igual de exagerado pensar que la industria musical perseguiría a adolescentes que descargaban música sin ánimo de lucro y sin ánimo de perjudicar a los titulares de derechos. El resultado fue que la industria no resistió la tentación de caer en la exageración y no nada más persiguió a cientos de adolescentes en la unión americana sino que también pretendió hacer corresponsables de sus actos a escuelas, universidades y padres de familia. Que exageración haber pensado que eso podría pasar ¿no?

También están quienes son víctimas de la brecha digital industrial y condenan el hecho de que naciones en desarrollo impulsen abiertamente la adopción del software libre como una forma de impulsar el progreso y la construcción de un mercado interno que no dependa de las grandes compañías desarrolladoras de software propietario. Tal es el caso de las personas que han solicitado que se incluya en el reporte 301 del USTR a países como Brasil y la India por considerar que su política de impulso al software libre daña sus intereses económicos. ¿Entonces de qué hablamos? ¿Cual es su bandera? ¿La legalidad o el provecho económico? Por un lado pugnan por que se utilice software legal en empresas e instituciones de gobierno y por otro no están de acuerdo si ese software no viene de sus catálogos y no les deja dinero en licenciamiento. ¿Quién los entiende?

Si la industria no supera la brecha digital en la que ella misma se ha inmerso, creo que está condenada a desaparecer. Los artistas seguirán existiendo. Es obvio. Los intermediarios son los que probablemente desaparezcan si no se adaptan e idean nuevos modelos de negocios que les permitan sobrevivir a las nuevas condiciones del mercado y de la sociedad.

Pueden seguir endureciendo el esquema de protección al derecho de autor y terminar de condenarse, por el deterioro de su imagen frente al consumidor, a la autodestrucción o entender las nuevas reglas del juego, liberar sus contenidos y encontrar nuevos modelos que les permitan subsistir por un lado y mejorar su imagen ante el consumidor por otro.

One Response to “La otra brecha digital”

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